“Es que la gente es mala de cojones…”
“Es que la gente va como loca…”
“Es que la peña no tiene ni puta idea”
“Es que la gente se piensa que uno es idiota”
Y a mí me sorprenden varias cosas en general:
PRIMERO. En mi memoria no puedo encontrar frases similares de polaridad positiva. ¿Alguien conoce en nuestro recetario lingüístico habitual, expresiones destinadas a atribuir de forma abstracta cualidades positivas a un grupo igualmente abstracto de homo sapiens? Me refiero en el lenguaje cotidiano, (descartadas afirmaciones religiosas o filosóficas del estilo de “El hombre es bueno por naturaleza”. Rousseau) …Yo al menos no, con lo cual mi primera conclusión es que sólo se generaliza en este plano de expresión para plantar adjetivos y conceptos negativos... Suculento indicador para un sociólogo con tiempo.
SEGUNDO. Generalizar es literalmente convertir en general algo singular, es extrapolar, vender al todo por la parte. De esta forma es fácil caer en frases del estilo de “es que la gente es mala de cojones”, cuando a ti como individuo, otro individuo te perjudica, …o “es que la peña se piensa que uno es idiota” …cuando se te cuela una vieja en el Gadis. Generalizar…
TERCERO. Al usar la tercera del plural nos excluimos de lo que proyectamos en la frase. Parece que no somos seres humanos, quizás demiurgos omniscientes capaces de un análisis frío pero filosóficamente perfecto.
CUARTO. Se rompe el círculo de la empatía, porque hablamos de algo a lo que no pertenecemos, por eso no necesito que mi subconsciente se identifique con la realidad humana de “la gente”, o mejor dicho, de “la persona” que con su actitud me incita a extrapolar la etiqueta … Y bajo mi punto de vista esa es la peor consecuencia de los puntos anteriores, que nos lleva de cabeza a la hipocresía más nuestra.
Bien, a modo resumen podemos decir que tenemos una forma impersonal de criticar a “la sociedad”, normalmente desde la acción de un individuo que envenena nuestra visión general del grupo, con el que por cerrazón psicológica no nos identificamos… Así visto podríamos decir que resulta infantil, no? Incluso un poco atávico a nivel de especie.
Como individuos, estos razonamientos nos alejan de la empatía, lo que deriva en hipocresía, porque si viéramos nuestro reflejo humano en “el otro”, sería más fácil entender las situaciones antes de juzgarlas a bombo y platillo …para darnos cuenta de que con frecuencia puedan deberse a cotidianidades o actitudes de las que a menudo también somos víctima…
“Es que la peña va como loca” podemos decir a modo de conclusión filosófica profunda cuando alguien pasa a nuestro lado cargado con mil bolsas y nos arrea sin querer con una de ellas… Lo difícil es recordar que uno mismo ayer, anteayer o mañana va igual de atolondrado por llegar tarde, tener que recoger a los niños, etc… Pero nuestra realidad la racionalizamos perfectamente, nos refrenda y hace frontera con el mundo… la de los demás es simple y abstracta escoria social… Ejemplos, millones…. “Es que la gente es una desconsiderada” (Cuando un vecino tiene abierta la puerta del ascensor durante nuestra prisa, olvidándonos de nuestra reciente mudanza)…
Con esta reflexión no quiero decir que esta clase de juicios no tengan una base muy fundada en determinados momentos, ya que hay “acciones que son malas de cojones… y omisiones sangrantes”, digo simplemente que para aquellas que no lo son, o al menos no tanto, es más fácil criticar desde la retaguardia que empatizar… La vieja del gadis puede tener prisa por sentar sus doloridos huesos, el que nos adelanta en carretera puede estar en un aprieto de lo más comprensible, el que no tiene ni puta idea puede que nos refleje nuestra soberbia ignorancia, el que te roba el radiocasete es posiblemente un enfermo drogadicto … y todo esto sumado en contrapartida a aquellas acciones de supina hijoputez de la que todos somos capaces a diario, que son reales también.
¿Alguna solución? De entrada se me ocurre una que sé a ciencia cierta que es difícil… Se trata de conjugar en primera persona del plural las frases que comienzan con un “es que la gente”, porque de paso es probable que lleguemos a conocernos mejor a base de introspección cuando digamos:
“Es que la gente vamos como locos”. “Es que los seres humanos siempre pensamos que el de al lado es idiota” …y ante la crudeza de lanzar un “es que la gente no tenemos ni puta idea” o “Es que somos malos de cojones” posiblemente nuestro mecanismo de defensa nos regale cierta perspectiva, que podremos modelar a modo de empatía cuando corresponda.
Los seres humanos somos raros de cojones.
Homo homini lupus. Thomas Hobbes

El experimento resulto ser un completo fracaso, el 50% de la muestra, tomada al azar de entre los que me caían bien, no encajaba en sus expectativas fisiológicas, por lo que pasé al plan "b",... la utilización de motes. Casi todo el mundo tenía uno. Antón, por ejemplo, era "mocos" y Rubí "Zepelín", porque además de ser gorda tenía la cabeza apirolada. (Todo el mundo se reía de ella menos Manolo, que sería años más tarde su único novio, marido y culpable de la cesarea). El apodo más raro lo tenía Alex, que en casa le llamaban Javi. El resultado fue ambiguo y sin embargo la investigación tornaba en reto la aclaración del asunto, de gran trascendencia. 







